[Nfbespanol-talk] Newel Perry: Maestro de la Juventud y Líder de Hombres

Frida Aizenman aizenman at earthlink.net
Thu Feb 16 18:52:29 CST 2012


Newel Perry: Maestro de la Juventud y Líder de Hombres 

 

(Discurso del Profesor Jacobus tenBroek en una Convocatoria Conmemorativa para el Doctor Newel Perry en la escuela para ciegos, California School for the Blind, Berkeley, 25 de marzo de 1961)

Me presento ante ustedes hoy, de hecho, todos estamos reunidos aquí para desempeñar una función pública, y para honrar una deuda privada. Newel Perry era una figura pública. Para nosotros, era también un amigo personal. Podemos valorar su contribución pública. Sólo podemos reconocer nuestra obligación privada y el apego personal. Podemos detallar su registro público, definir su papél influyente, detallar sus logros, contar sus hazañas, enumerar sus estatutos, especificar sus doctrinas, separar los elementos de su filosofía social, identificar los frutos generales e institucionales de la labor de su vida, analizar y psicoanalizar los rasgos de personalidad que lo convirtieron en un líder. Después de la vida que compartimos, sólo podemos darle vueltas en la memoria, y escudriñar a través de los enmaraños sueltos de la mente, las horas, los días, las noches, los meses, los años de nuestra experiencia común; los temores, los afanes, las aspiraciones, la risa que era nuestra cuando estábamos juntos.

Nosotros éramos sus estudiantes, su familia, sus amigos íntimos, sus camaradas en mil frentes de batalla, de un movimiento social. Dormíamos en su casa, comíamos en su mesa, aprendíamos la geometría en su escritorio, caminábamos por las calles interminablemente a su lado, avanzábamos en la fuerza de su optimismo y confianza.

La devoción sin límites de su esposa Lillie (con quien estuvo casado desde 1912 hasta su muerte en 1935) se extendió hasta nosotros como bálsamo de nuestra institución de espíritus hambrientos, para hacer menos pesado, con afecto suave, el desconcierto de nuestra excentricidad, y el confinamiento no natural de nuestra segregación. Después de una generación posterior a nosotros, después del fallecimiento de Lillie, la misma generosidad fué conferida, a su vez, por su hermana Emma Burnham, que vivió con el doctor durante los últimos veintiún años de su vida.

Como un joven atrevido de doce, que se atrevió a dirigirse a él como "Doc", fuí echado una vez fuera de una clase por el doctor con un regaño que todavía suena en mis oídos. Como un joven un poco mayor, todavía atrevido, pero ahora también aburrido por la lentitud, y por las técnicas sin imaginación de la escuela secundaria, fuí expulsado por él del todo, por la obstinación incorregible. Finalmente, a pesar de estos comienzos poco prometedores, me gradué de la escuela secundaria. Con bastante ambición pero sin dinero. Me había preparado para entrar en la universidad. En ese momento se me negó la Ayuda Estatal para Ciegos, State Aid to the Blind, un programa, entonces recién instituido, como resultado de los esfuerzos del doctor en patrocinar una enmienda constitucional, y una ley integral. La razón no era que mi necesidad no era grande. Era que tenía la intención de seguir una educación superior, mientras que estaba siendo apoyado por el Estado. Eso fué demasiado para los funcionarios administrativos. Casi sin discusión, el doctor, de inmediato llenó el vacío. Así como Warring Wilkinson había hecho antes por él, me suministró con los gastos de matrícula y los gastos de la vida de su propio bolsillo por un semestre, mientras que todos luchábamos para revertir la decisión de los funcionarios de la Ayuda Estatal.

Siempre había sido así con el Doctor. La clave de su gran influencia sobre los estudiantes ciegos era, en primer lugar, el hecho de que él era ciego, y por lo tanto, entendía sus problemas; y segundo, que creía en ellos y puso de manifiesto en ellos su fé. Proporcionó el único fundamento seguro de la verdadera relación: con el conocimiento de nuestra parte de que estaba realmente interesado en nuestro bienestar.

Aparte de estos beneficios personales inmediatos, habían tres hábitos de vida, casi podríamos decir tres elementos de la personalidad, que yo formé, de su enseñanza y ejemplo, cuando era un adolescente a su cargo. En primer lugar, una actitud hacia mi ceguera, una concepción de que, básicamente, esta carece de importancia en los asuntos importantes de la vida. Una molestia física, sí. Un tema de conversación desenvuelto, pero sin vergüenza, y un tema de preguntas fuertes por parte de niños pequeños en la calle a medida que paso, sin duda. Pero no es algo que da forma a la propia naturaleza, lo que determina la carrera, lo que afecta a la utilidad o la felicidad. En segundo lugar, un supuesto básico de que las personas videntes suelen tener buena voluntad, sin límites, hacia los ciegos, y una concepción totalmente errónea de las consecuencias de la ceguera. Es su idea errónea acerca de su propia naturaleza la que crea la desventaja social y económica de la ceguera. En tercer lugar: la actividad pública como regla de vida, un sentido de la responsabilidad de ejercer el esfuerzo personal para mejorar la suerte de los demás. Cuando todavía era un muchacho en mi adolescencia, estaba asistiendo a reuniones y haciendo el trabajo que el doctor me asignaba en el movimiento de los ciegos. Era un reformador social. Me hizo uno también. A través de la participación con él, estas actitudes y prácticas se convirtieron en los hábitos de mi vida. Estas estaban tan inculcadas con fuerza, que son las que se han quedado para siempre como un patrón de conducta casi automático. Fueron factores potentes, que amenudo, gobernaron en mi punto de vista y en la actividad. La reflexión madura, años más tarde, sólo pudo confirmar, mediante la razón, lo que su influencia había forjado con tanta seguridad en mi juventud.

Es perfectamente justo, que debamos celebrar esta convocatoria conmemorativa en la escuela para ciegos, California School for the Blind. Fué aquí donde Newel Perry llegó en 1883 como un niño de diez años de edad, sin un centavo, ciego, su padre fallecido, su hogar disuelto. Dos años antes, había perdido la vista y casi su vida como resultado de un caso de hiedra venenosa, que hizo que sus ojos se hinchen hasta reventar y que lo mantuvo en coma durante un mes. Fué aquí en la escuela, que Warring Wilkinson conoció y se interesó en él, poniendo las bases para los próximos años de las relaciones íntimas y el esfuerzo mutuo. Warring Wilkinson fué el primer director de la escuela estatal para sordos y ciegos, California State School for the Deaf and the Blind. Se desempeñó en esa capacidad por cuarenta y cuatro años, entre 1865 y 1909. Con su interés característico en sus cargos, pronto vio la potencialidad del joven Newel. Lo envió desde aquí a Berkeley High School para completar su educación secundaria. Fué él quien venció los numerosos obstáculos a este acuerdo, tan fructífero en su comprensión de la educación y de las necesidades de los ciegos. Newel continuó viviendo aquí en la escuela, mientras asistía a la Universidad de California, desde 1892 hasta 1896. Una vez más, la admisión tenía que ser asegurada por una fuerte resistencia. Otra vez, Wilkinson fué el pionero, Newel, su instrumento dispuesto y ansioso. El papél de Wilkinson en la vida de Newel como un joven no puede ser subestimado: padre, maestro, guía, apoyo, en las palabras del propio Newel, el "querido gobernador".

Puesto que esta institución no sólo era la escuela, sino que la casa de su infancia, y la fundación de su edad de madurez, dieciséis años más tarde, en 1912, a la edad de 39, Newel Perry volvió aquí para tomar posesión de su carrera permanente como maestro. Permaneció en ese cargo hasta 1947, un tercio de siglo. Fué aquí donde la labor de su vida se llevó a cabo. Fué desde este lugar como base, que organizó y dirigió un movimiento de reforma social. Fué aquí que muchos de nosotros lo conocimos como sus estudiantes. Fué aquí que su impacto sobre nosotros primero se hizo sentir. Fué aquí que nuestra asociación con él de toda la vida comenzó. ¿Con qué frecuencia en estos pasillos hemos escuchado sus pasos? ¿Con qué frecuencia en este aposento su voz? El sonido de los pasos y la voz, que ahora se han ido del mundo como una realidad física. ¿Con qué frecuencia en adelante van a seguir sonando en los pasillos y en los aposentos de nuestras vidas?

En los años entre la salida de la escuela en 1896, y la vuelta a ella en 1912, Newel Perry se dedicó a la educación y a la búsqueda de un trabajo académico. Tomó estudios de postgrado en la Universidad de California, mientras tanto, desempeñándose sucesivamente en un tipo de enseñanza no remunerada, como un asistente de pago, y, finalmente, como instructor en el departamento de matemáticas. En 1900, siguiendo una costumbre general de ese día, se fué a Europa para continuar sus estudios. Lo hizo durante un tiempo en la Universidad de Zurich en Suiza, y luego en la Universidad de Munich en Alemania. De este último consiguió el grado de doctorado en filosofía, y en las matemáticas con los más altos honores en 1901. Permaneció en Europa por un tiempo viajando y escribiendo un artículo sobre un tema matemático que fué publicado en una revista de aprendisaje. Entonces, regresó a los Estados Unidos en 1902, aterrizando en Nueva York, donde debía permanecer hasta 1912. Él tenía alrededor de ochenta dólares en capital, una educación de primera clase y altamente especializada, y todos los requisitos físicos, mentales y personales para una carrera productiva, salvo uno, la agudeza visual.

Durante este período, se apoyó precariamente como entrenador de estudiantes de matemáticas en la universidad privada. Se dedicó, también, a la búsqueda de un puesto en la universidad. Había comenzado el proceso por correo desde Europa, incluso, antes de que consiguiera su doctorado. En la actualidad, continuó el proceso sobre el terreno en Nueva York. Mostró una energía muy implacable. Empleó todas las técnicas imaginables. Escribió cartas en profusión. En 1905, escribió a quinientas instituciones de todo tamaño y carácter. Distribuyó su disertación y el artículo publicado. Había seguido las reuniones de los matemáticos. Visitó a sus amigos en la profesión. Alistó la ayuda de sus maestros. Hizo un llamado a todo el mundo, y a cualquiera que tubiera la más remota relación con su objetivo.

En todas partes, el resultado era el mismo. Sólo la forma variaba. Algunos expresaron su asombro ante lo que había logrado. Algunos expresaron su interés. Uno de ellos parecía auténtico, pues, tenía un cuñado ciego que dijo que, era un genio en matemáticas. Algunos mostraron indiferencia, de vez en cuando enmascarada detrás de frases de cortesía. Algunos dijeron que no había vacantes. Algunos dijeron que su solicitud se presentó para futuras referencias. Uno de ellos dijo, irónicamente, que sería, "como un estímulo a los hombres que trabajan con desventajas y que pueden aprender de lo mucho que puede lograrse, a través, de ser resolutos y de ser industriosos." Algunos afirmaron que, probablemente, podría tener éxito en la enseñanza en la universidad de otra persona. Muchos dijeron francamente, que creían que un hombre ciego no podía enseñar matemáticas. Muchos de estos rechazos eran, por supuesto, perfectamente adecuados. Muchos no lo eran. Sus autores cándidamente le dieron la razón como la ceguera.

Sabemos acerca de este período de la vida de Newel Perry, por los informes de sus contemporáneos, o cerca de contemporáneos como Hugh Buckingham, un estudiante de la escuela desde 1896 hasta 1900, durante la ausencia del Doctor, quien había preparado un manuscrito sobre la infancia y la juventud del Doctor. Sabemos al respecto por lo que el Doctor nos dijo a muchos de nosotros años más tarde. Pero sabemos sobre ello en toda su intensidad, desolación y desconsuelo, por las propias cuentas íntimas que Newel Perry había escrito en el momento a su antiguo mentor y amigo de verdad, Warring Wilkinson. Estas cuentas, con las copias de muchas de las cartas de rechazo, se han conservado por la familia de Wilkinson a través de los años intervenidos. En las últimas dos semanas, estas han sido abiertas a mi inspección por parte de la nieta de Wilkinson, Florence Richardson Wyckoff, que está aquí con nosotros hoy.

Le he dado vueltas a este período y a las experiencias de esto por varias razones. Reflejan, retratan de manera fiable, una fase de nuestras vidas como personas ciegas. De hecho, treinta y cinco años más tarde, yo personalmente recibí cartas idénticas de muchas de estas mismas instituciones. Era casi como si una secretaria se hubiera fijado en copiar el archivo del doctor, sólo cambiando las firmas y el nombre del destinatario. Sin embargo, gran progreso se ha hecho. Muchos de nosotros estámos ahora enseñando en colegios y universidades de todo el país, y muchos otros trabajos se han llenado, los cuales, hasta ahora habían estado cerrados para nosotros.

La reacción del Doctor Perry a esta década de la derrota y la privación fué notable. Él no se quebrantó. No renunció. Ni siquiera se amargó. El desánimo, la frustración, una sensación de mal e injusticia, sin duda éstos; pero nunca colapso. No estaba derrotado. Vemos en estos amargos años de hambre y rechazo, una fuente del verdadero conocimiento de los problemas reales de los ciegos, y una determinación indestructible de hacer algo al respecto. Aquí había una causa principal de reforma social, una motivación inagotable para reorientar las actitudes públicas, y acciones hacia las personas ciegas. A esto se sumó la idea central de una disposición activa e inquieta, y el ingenio de percibir los remedios y adaptarlos a las necesidades.

Fuera de estos elementos de la mente, de la personalidad y de la experiencia, que se combinaron en la carrera pública de Newel Perry; de estos elementos también se crearon los programas del inicio de lo que hizo que la carrera pública fuera significativa. En primer lugar, la angustia de la pobreza debía ser aliviada. Las necesidades de la vida debían estar disponibles. Los elementos esenciales mínimos debían ser asegurados. De alguna manera, tanto se había proporcionado en el sistema anglo-americano durante tres siglos antes de que Newel Perry se enfrentara cerca al hambre, y a la exclusión económica en la Ciudad de Nueva York. Las leyes isabelinas de los pobres lo hicieron en una forma. El alivio directo del Condado, instituido en California en 1901, lo hizo en otra forma. El hospicio y el hospital del condado, y la granja de los pobres lo hicieron, aún, de otra manera. Como mínimo, tenía que haberse hecho mejor. Debe ser hecho por un sistema de subsidios de dinero, en la cantidad adecuada para mantener los estándares de la decencia y la salud, para cobrar en los estándares fijos y uniformes de elegibilidad, de aplicación general por la participación y el control estatal, y prescindibles por el destinatario a través de un libre ejercicio del automanejo y la elección de consumo. Para llevar esto a cabo, sin embargo, las prohibiciones en la constitución estatal tendrían que ser removidas por el arduo proceso de modificación del pueblo, una ley orgánica tendría que ser cabildeada a través de la legislatura Estatal, la administración de fé, de alguna manera, tendría que ser asegurada. Año tras año, y sesión por sesión en un futuro indefinido, y las miles de correcciones menores y mejoras importantes que resultarían necesarias con el tiempo, dando a conocer la experiencia, tendrían que ser trabajadas a través de la legislatura y la administración. Y así, de hecho, sucedió en California.

En segundo lugar, mucho más que eso había que hacerse en lugar de simplemente aliviar la angustia de la pobreza. La seguridad es una necesidad. Como una bendición pura, sin embargo, es un concepto embrutecedor. Un ingrediente indispensable de cualquier sistema de protección social es la oportunidad. Uno de los objetivos de la ayuda pública debe ser estimular y permitir a las personas ser independientes de ella. En consecuencia, su iniciativa no debe ser encerrada. Los medios de la actividad productiva no deben ser retirados o denegados. La independencia de acción y la autonomía deben ser alentadas. La responsabilidad legal de los parientes debe ser relajada para que no se extienda la pobreza, aumente la dependencia, y altere la vida familiar. Los recursos económicos, cantidades razonables de propiedad deben ser devotables a los planes de ser económicamente independientes en lugar de estar obligados a ser consumidos en satisfacer las necesidades diarias. Alicientes para ganar deben ser creados fuera de la retención de los beneficios de ganancia. Y esto también sucedió, en la actualidad, en California. El nuevo sistema tomó conocimiento de la necesidad de los ciegos para realizar ajustes en lo social y psicológico, así como a nivel físico. Les permitió y los animó a esforzarse a ser económicamente independientes por sí mismos. Se aplicó el principio democrático de la dignidad de la persona, a una clase desfavorecida de ciudadanos estadounidenses. Se les garantizó una cierta medida de independencia y auto-respeto en la conducción de sus vidas. El sistema de California, el sistema de Newel Perry, era, hasta entonces, muy avanzado, antes de su época. Todavía es envidiado y emulado en todo el país.

En tercer lugar, la reintegración de los ciegos en la sociedad en base de membresía plena y equitativa, sólo podría lograrse si tuvieran la oportunidad de ganarse el pan de cada día como los demás en la comunidad. En consecuencia, se deben tomar medidas para eliminar las barreras restrictivas y las discriminaciones legales. Los principales canales de oportunidad deben ser barridos libres de obstáculos artificiales e irracionales. El servicio público, el empleo privado, los llamados comunes, los oficios y ocupaciones comunes, las profesiones deben ser rescatadas de las exclusiones arbitrarias basadas en la ceguera de la que la ceguera no es un factor relacionado en la competencia y el rendimiento. El doctor fué el promotor inicial en la obtención de las disposiciones legales, constitucionales y de otra índole que protegen el derecho de los ciegos para introducir un número de profesiones y prohibir las discriminaciones arbitrarias en contra de nosotros en el servicio civil estatal, y en la enseñanza secundaria; permitir a los estudiantes universitarios ciegos continuar sus estudios con la ayuda de los lectores videntes contratados por el Estado; traer a los ciegos a una corriente cada vez mayor a los colegios y universidades Estatales, y de allí a los llamamientos superiores.

Estos logros, jurídicos, sociales, económicos y políticos han sido los frutos, a la vez, de la dirección del Doctor Perry, y de la auto-organización colectiva de los ciegos, que generaron ese liderazgo. Más que cualquier otra persona, fué el Doctor que había implantado y nutrido, entre los ciegos de California, el sentido de causa común, el espíritu de colaboración en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas. Más que cualquier otra persona, fué él quien nos enseñó que los ciegos pueden y deben guiar a los ciegos, y a los videntes también, cuando se trata de los problemas de los ciegos. Más que cualquier otra persona, fué él quien nos hizo conscientes de que continuar desorganizados era permanecer desorganizados, que sólo mediante una acción concertada, pueden los ciegos, tener la esperanza de convertir, y solicitar el poder del gobierno, y derrotar la tiranía de los prejuicios irreflexivos públicos y la ignorancia oportuna.

Newel Perry era un maestro: un maestro de la materia y un maestro de los hombres. De hecho, enseñó su especialidad de matemática y la enseñó muy bien; pero enseñó a sus alumnos aún más. Para estar seguros, no todos los estudiantes que pasaron por su camino durante sus treinta y cinco años en estas instalaciones escolares se inspiraron en su totalidad por él. Su personalidad era vigorosa, y sus normas rigurosas. Pero para muchos de nosotros, que asistimos a la escuela durante esas tres y media décadas, fué el Doctor Perry quien proporcionó el impulso y el estímulo, el aliciente y la meta, que iluminaría nuestras vidas más tarde, y nutriría nuestras carreras. Nuestro vínculo con él no se rompió cuando terminó nuestra época escolar. Pasamos a convertirnos en sus camaradas y colegas en la causa que fué siempre su verdadera vocación.

Newel Perry era, en definitiva, tanto un maestro de la juventud como un líder de hombres. Estas dos funciones no eran, sin embargo, bastante diferentes. Pues, el secreto de su éxito en ambos caía en esto: que su enseñanza era un tipo de liderazgo, y su liderazgo era un tipo de enseñanza. En su método pedagógico, así como en su objeto social, el doctor era completamente socrático. Su actitud en el salón de clase era esencialmente la del diálogo platónico: dialéctico, investigativo, de insistencia lógica, y de insistencia incesante.

En esta combinación socrática también se encuentra, creo yo, el secreto del éxito del doctor como líder de un movimiento social. Al igual que en el salón de clase, enseñaba a sus alumnos con liderazgo, así como siendo pionero del movimiento organizado de los ciegos, que llevaba a sus seguidores mediante la enseñanza. Su poder, como el poder de todos los líderes, se basaba, en un último análisis de la persuasión. Sus triunfos, sin embargo, no fueron el producto de la habilidad oratoria o literaria, a pesar de que tenía un don notable para redacción perspicaz e incisiva, la idea central  epigramática que destila la esencia de un tema complejo. Su poder de persuasión no era el de la demagogia, sino del pedagogo. Y no fué sólo sus seguidores que aprendieron de él. Educó a las personas ciegas del Estado a la conciencia de sus capacidades como individuos y de sus poderes como un grupo. Educó a los legisladores en el Capitolio Estatal, a fuerza de tenaz campañas, implacables, casi incorregibles, de persuasión, realizadas año tras año y década tras década. Educó al público en general por su prédica y su ejemplo de considerar a los ciegos, no en los términos tradicionales de caridad y de custodia, sino que en términos reales de normalidad e igualdad.

Y, sobre todo, en su papél de líder, Newel Perry había educado, adoctrinado, y persuadido a un distinguido grupo de cohortes para reunirse con él para llevar adelante la lucha, y llevar a cabo sus objetivos. Aquellos a quienes el doctor reunió alrededor suyo eran otros hombres y mujeres ciegos, antiguos estudiantes en su mayoría, cuyos talentos especiales y posiciones profesionales, únicamente complementaban la suya.

Raymond Henderson: Abogado de profesión, autodidacta, por preocupación un reformador, con la poesía en su alma y la literatura en su punzón. Nacido en 1881, asistió a esta escuela desde 1889 hasta la escuela secundaria, y siguió viviendo allí hasta su graduación de la Universidad de California en 1904. Ejerció su profesión en Bakersfield, California, desde su admisión al colegio de abogados hasta su muerte en 1945. Raymond llegó al movimiento de los ciegos organizados en su madurez con un largo expediente de experiencia en otras causas. Trajo un número notable de habilidades personales, un alto grado de competencia profesional, un buen espíritu de la humanidad, y el enriquecimiento de la actividad amplia e intensa.

Leslie Schlingheyde: También abogado de profesión, amable y religioso por disposición, práctico, en lugar de reflexivo en el marco de la mente, con un brillante historial académico y un punto de vista liberal. Nació en 1893, asistió a esta escuela desde 1906 hasta 1913, y por lo tanto, quedó bajo la influencia del Doctor en el año de su graduación. Recibió su doctorado en derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de California en 1920, y desde ese momento, hasta su muerte en 1957, ejerció su profesión en Modesto, California, y se desempeñó en el movimiento de los ciegos en todo el Estado.

Fueron Raymond Henderson y Leslie Schlingheyde, los principales responsables del manejo de casos en el tribunal, para la preparación de innumerables escritos legales y argumentos, para la elaboración de resoluciones y enmiendas constitucionales previstas, para consejo legal continuado durante los años insurgentes y los años formativos. Eran en un sentido real, el brazo legal del movimiento de los ciegos organizados.

Ernest Crowley: una vez más, abogado de profesión, pero distinguido por su servicio en otro ámbito. Tenía un despacho de abogados abierto en Fairfield-Suisun, desde el momento de su graduación de la Facultad de Derecho de la Universidad de California en 1923 hasta su muerte en 1952. Para él, sin embargo, el derecho era sólo una condición necesaria y no un medio especialmente atractivo para ganarse la vida. Su oficina de derecho era una tapadera para su verdadero amor, y su vida activa, la práctica de la política. Nació en 1896 y asistió a esta escuela desde 1910 hasta 1916. Estuvo bajo la tutela del Doctor como un estudiante durante cuatro años. Su importante contribución fué hecha como un miembro de la legislatura Estatal desde 1928 hasta 1952. Fué él quien introdujo y hábilmente maniobró, a través de la aprobación de las resoluciones memorables que ahora son la jurisprudencia legal de nuestro movimiento. En un sentido muy real, era el portavoz legislativo y el brazo del movimiento.

Perry Sundquist: trabajador social y administrador público de profesión, trajo a su trabajo una personalidad comprensiva, una fé inquebrantable en las personas ciegas, y el buen manejo de las técnicas administrativas e instrumentos. Nació en 1904 y asistió a esta escuela desde 1918 hasta 1922. Por exactamente veinte años, había sido jefe de la división de los ciegos en el departamento Estatal del bienestar social. Durante esas dos décadas, había traducido los principios del movimiento de los ciegos organizados, a la acción administrativa concreta, desde el pergamino legislativo a una realidad práctica. En virtud de sus programas de dirección, los programas para los ciegos se habían multiplicado, y habíann prosperado, los servicios se habían ampliado, y sus beneficios se habían extendido. Lo más importante de todo, la filosofía del trabajo del movimiento se había transformado en una práctica de trabajo. En un sentido muy real, había sido el brazo administrativo eficaz del movimiento.

A través de los años, este pequeño grupo creció en número y se desarrolló en la estructura normal. Formó el núcleo del Consejo de California para Ciegos, California Council for the Blind, que entró en vigor en 1934 con el doctor Perry como su primer presidente. Durante diecinueve años de producción, hasta su jubilación en 1953, a la edad de 80, el Doctor había forjado y formado al consejo, en el yunque de su propia voluntad, en un instrumento más grande y más formidable, pero esencialmente similar al grupo informal del cual se originó.

La visión social del Doctor, en el campo de la ayuda a los ciegos, lo dejó fuera de su época, y lo colocó en la vanguardia del pensamiento y la planificación. Su liberalidad en asuntos de esta ganancia, en lugar de pérdidas, en importancia cuando se coloca al lado de sus actitudes generales hacia la política y hacia los asuntos humanos; en asuntos no relacionados a los ciegos. El Doctor era totalmente un heredero del siglo 19, conservador, incluso, reaccionario por naturaleza, a menudo inflexible, y no sin un toque, del antiguo imperialismo nacional. Cuando se trataba de la causa a la que estaba más comprometido, era mucho menos un victoriano, que de una utopía; menos resistente al cambio  que un progresivo inquieto en busca de nuevos horizontes.

¿Cómo vamos a resumir la vida de un hombre? ¿Cómo captar la cualidad esencial de una carrera humana? ¿Cómo transmitir el significado interior, las cualidades imponderables e intangibles de la voluntad y el corazón, y el espíritu? Hay estadísticas vitales. Pero son más estadísticas que vitales. Todo lo que nos puede decir de un hombre es que nació, vivió, amó, y murió. Para Newel Perry, debemos modificar la letanía por lo menos con esto: vivió, y trajo nueva vida a muchos; amó, y fué amado; murió, y no será olvidado.

Al día siguiente de la muerte de Franklin Delano Roosevelt, Walter Lippmann escribió algunas palabras acerca de él, que podrían también estár en pie como un epitafio para el líder y camarada a quien honramos hoy: "El hombre debe morir a su debido tiempo. Debe llevar consigo la magia de su presencia, y el dominio personal de los asuntos que ningún hombre, sin embargo dotado por la naturaleza, puede adquirir, excepto en la lucha sin tregua con la maldad y el azar ciego. Luego viene la prueba de si su obra perdurará, y la prueba de cómo de bien dirigió a su pueblo .... La prueba final de un líder, es que deja, detrás de sí, en otros hombres la convicción y la voluntad para seguir adelante." 

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